Con Jesus

 

Home Inicio Quienes Somos - About Calendario Eventos Contactenos
Meditación Dominical

El don gratuito de la salvación (Mt 20,1-16)

Sunday, Sep 28, 2014


El Evangelio de hoy es una enseñanza de Jesús propuesta por medio de una parábola: la parábola de los obreros de la viña. Como muchas de las parábolas de Jesús, comienza con la expresión: “El Reino de los cielos es semejante a...”. Se tratará entonces de explicar un misterio y, por tanto, no debemos extrañarnos si nos resulta a primera vista difícil de comprender. Su comprensión no se concede a la inteligencia humana, sino a la humildad. Aquí queda en evidencia el modo de actuar de Dios, tan celebrado por Jesús: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito" (Mt 11,25-26).

El Reino de los cielos es una expresión usada por Jesús para referirse al misterio de la salvación del género humano operada por Dios por medio de su Hijo Jesucristo. Con la parábola de los obreros de la viña Jesús nos quiere enseñar que la salvación hay que recibirla como pura gracia, como un regalo inmerecido, muy superior a lo que podamos alcanzar con nuestro esfuerzo humano y muy superior a todo lo esperado. La salvación supera a todo lo que podamos siquiera imaginar. Por eso San Pablo renuncia a describirla y se limita decir que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que lo aman” (1Cor 2,9).

Para comprender mejor la enseñanza de esta parábola conviene revisar en qué contexto está introducida. Si bien es cierto que las unidades literarias del Evangelio (perícopas), antes de ser fijadas por escrito, se transmitían oralmente y eran bastante autónomas (de hecho, en la liturgia se leen desvinculadas de su contexto), también es cierto que los evangelistas son verdaderos autores y tienen un motivo para poner una enseñanza en un determinado contexto en lugar de otro. Esto es tanto más claro en Mateo que trata de dar a su Evangelio una estructura lógica y que suele reunir las unidades que tratan del mismo tema.

Mateo introduce esta parábola a propósito de dos actitudes indicadas por Jesús en relación al Reino de los cielos: la actitud de los niños y la actitud de los ricos. Son dos categorías diametralmente opuestas: lo niños son débiles, dependientes, humildes, y no tienen pretensiones; los ricos son poderosos, autosuficientes, asertivos y exigentes. También es diametralmente opuesta su relación con el Reino de los cielos. Respecto de los primeros Jesús dice a sus discípulos: “De los que son como niños es el Reino de los cielos” (Mt 19,14). En cambio, respecto de los segundos les advierte: “Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos” (Mt 19,23). Jesús acababa de ofrecer la salvación a un rico y éste, entristecido, la había rechazado, “porque tenía muchos bienes” (Mt 19,22).

Aquí se introduce la parábola de los obreros a la viña. Nos enseña cuál es la actitud que hay que tener ante Dios para recibir el don de la salvación. Se presenta un propietario que salió a buscar obreros para su viña: "Salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiendose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña". Con estos obreros de la primera hora hay un contrato; ellos exigen por su trabajo un denario al día; el denario que se les dará al fin del día será entonces un salario que se les debe. Pero el propietario saldrá a buscar obreros para su viña también a las nueve de la mañana, a mediodía e incluso a las cinco de la tarde y a los que encontró en la plaza cesantes les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo”. Éstos estaban cesantes, con éstos no hay contrato alguno; ellos no exigen nada y aceptan lo que el señor les quiera dar, confían en que él les dará “lo que sea justo”.

Al cabo del día el señor dio orden de pagar a los obreros su jornal, empezando por los de la última hora. Éstos recibieron un denario cada uno: ¡es un regalo!, pues habían trabajado sólo una hora. Ellos no tenían nada ganado, no tenían nada propio, lo que recibieron era de su señor. Cuando llegaron los de la primera hora, recibieron lo pactado, lo que ellos habían exigido por su trabajo. Por la actitud que ellos habían tenido con el señor, se ve que no estaban dispuestos a recibir regalos, sino lo ganado, lo que era suyo. Y lo recibieron: un denario cada uno. Cuando uno de ellos reclama que a los otros se los haya igualado a ellos, el señor le responde distinguiendo entre “lo tuyo” y “lo mio”. Respecto de lo primero el señor le dice: “Toma lo tuyo y vete”. Pero agrega: “Con lo mio puedo hacer lo que quiero”. Si lo da a los obreros no puede ser sino en forma de regalo. Así se tiene que recibir la salvación, pues ella no puede ser en ninguna forma salario de nuestro esfuerzo.

Hay todavía una diferencia notable entre los de la primera hora y los demás, no sólo que unos hayan recibido un salario y los otros un regalo: los de la última hora se fueron felices, sorprendidos por la bondad del señor y llenos de gratitud hacia él; los de la primera hora se fueron descontentos y murmurando. Es que éstos no tienen nada que agradecer, pues todo se lo han ganado. Pero no fue suficiente para darles la felicidad.

En la historia de la salvación Israel es el pueblo de la primera hora y consideraba que Dios tenía compromisos con él. Pero Cristo mandó “hacer discípulos de todos los pueblos” (Mt 28,19). Éstos son los de la última hora. Sobre ellos escribe San Pablo: “Los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Ef 3,6). Por pura gracia Dios los ha igualado a los de la primera hora.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo Auxiliar de Concepción


ConJesus.org Derechos Reservados Copyright © 2009 Con Jesus . org Con Jesus Nada Me Falta...