Con Jesus

 

Home Inicio Quienes Somos - About Calendario Eventos Contactenos
Meditación Dominical

"Vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14,23-29)

Sunday, May 01, 2016


Seguimos leyendo este domingo pasajes de esos diálogos que tuvo Jesús con sus discípulos durante la última cena en la víspera de su pasión. Este domingo leemos la res-puesta de Jesús a una pregunta del apóstol Judas. El Evangelio aclara que este Judas no es el Iscariote; éste es el mismo que el Evangelio de Mateo, en la lista de los Doce, llama Tadeo (Mc 3,18). El Iscariote ya había salido a realizar su siniestro propósito de traicionar a Jesús y ahora Jesús podía hablar con entera confianza a sus discípulos fieles.

Judas, entonces, le pregunta: "Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?" (Jn 14,22). Judas ha percibido en las palabras de Jesús que habrá una diferencia entre sus discípulos y el mundo: a sus discípulos Jesús se manifestará y al mundo no. En su pregunta hay extrañeza. En efecto, el apóstol tenía la convicción de que la manifestación de Jesús había de ser pública, gloriosa y a todo el mundo; y ahora Jesús afirma que será secreta y destinada sólo a sus discípulos y no al mundo: ¿qué ha pasado?

El mismo Jesús había anunciado que vendrían días en que, después de grandes fenómenos cósmicos, "verán al Hijo del hombre venir entre nubes con gran poder y gloria" (Mc 13,26). Y había aclarado la visibilidad de su venida con una imagen: "Como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día" (Lc 17,24). Se refiere obviamente al día de su manifestación. El Apocalipsis asegura que ni siquiera los mismos que lo crucificaron serán excluidos de esta visión: "Mirad, viene acompañado de nubes; todo ojo lo verá, hasta los que lo traspasaron" (Apoc 1,7). Esta enseñanza permanece firme y la profesamos en el Credo al confesar sobre Jesús: "De nuevo vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos". Esta es la idea que tenía Judas Tadeo sobre la manifestación de Jesús; se refiere a la manifestación final cuando él venga a poner fin a la historia. Por eso pregunta si algo de esto ha cambiado.

Jesús no responde a su pregunta directamente. Pero de sus palabras se deduce que él está hablando de otra manifestación; está hablando de su manifestación actual, de la que acontece ahora, dentro de la historia. Más adelante Jesús recuerda a sus discípulos que él había dicho: "Me voy y volveré a vosotros". Este volver tiene una doble realización: Jesús volverá al final del mundo y esta venida será gloriosa y todos lo verán; pero él volverá también pronto, inmediatamente después de su resurrección y del envío del Espíritu Santo. La manifestación escatológica (éschaton=último, final) será visible como un relámpago; la manifestación de la cual Jesús hablaba en la última cena tiene lugar ahora en el corazón de sus discípulos por obra del Espíritu Santo. De esta manifestación el mundo no tiene idea. A esta manifestación se refiere Jesús cuando dice: "No os dejaré huérfanos: volverá a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis" (Jn 14,18-19).

Una vez comprendido que la manifestación a la cual Jesús se refiere será en el secreto del corazón y que ocurrirá dentro de los pocos días que faltaban para su resurrección, queda en pie la pregunta de Judas Tadeo: ¿qué hará la diferencia entre ellos y el mundo? A esto responde Jesús con una neta distinción: "Si alguno me ama, guardará mi palabra... el que no me ama, no guarda mis palabras". La diferencia entre los discípulos y el mundo es la que hay entre amar a Jesús y no amarlo. Pero el amor puede ser ilusorio. Por eso Jesús agrega un criterio más concreto y preciso: la diferencia entre los discípulos y el mundo es la que hay entre los que guardan la palabra de Jesús y los que no la guardan. El único signo inequívoco de que alguien ama a Jesús verdaderamente es que atesore en su corazón la palabra de Jesús y viva conforme a ella. Esto quiere decir "guardar su palabra". Después que ha aclarado esto, Jesús explica en qué forma vendrá a sus discípulos: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él". Aquí mismo tenemos una palabra magnífica de Jesús, de ésas que hay que guardar ¡y creer! Aquí está formulada la verdad inefable de la habitación en nosotros de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y este efecto admirable se produce cuando alguien cree que es verdad, porque Jesús lo ha dicho, es decir, cuando alguien guarda esta misma palabra y empieza a vivir conforme a ella. En este caso se trata de creer tan firmemente que vivamos como corresponde a una mansión de la Trinidad. Ya podemos imaginar lo que esto implica. Por decirlo de alguna manera, en nuestra actuación se debe trasparentar el amor de Dios, su misericordia, su pureza, su santidad, su gozo, su paz inalterable, etc.

En este Evangelio se incluye la segunda de las cinco promesas del Espíritu Santo que Jesús formula en la última cena. Jesús establece una progresión entre lo que él ha dicho estando entre nosotros y lo que comprenderán los discípulos una vez que venga a ellos el Espíritu Santo: "Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho". Ya hemos citado una de esas palabras que Jesús dijo estando entre nosotros: "Mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él". Pero todavía falta que el Espíritu Santo "nos recuerde" esto mismo, es decir, que nos haga creer, comprender y vivir estas palabras; su acción en nosotros nos concede poder "guardarlas". Esa acción del Espíritu Santo es interior, pero queda en evidencia, sin posibilidad de engaño, en nuestra conducta. Para decirlo con las palabras de San Pablo, "el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí" (Gal 5,22). Estos son los signos que trasparentan la habitación de la Trinidad en nosotros. Estos son los signos que revelan a los discípulos de Jesús, a aquellos a quienes él se manifiesta ahora.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez

Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


ConJesus.org Derechos Reservados Copyright © 2009 Con Jesus . org Con Jesus Nada Me Falta...