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Meditación Dominical

Yo soy el que es, el que era y el que viene (Mt 11,2-11)

Sunday, Dec 11, 2016


“En nuestro Señor Jesucristo casi todas las cosas son dobles... Doble es su venida: una oculta, como la lluvia sobre el vellón; otra gloriosa, que tendrá lugar en el futuro. En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda lo rodeará la luz como un vestido. En la primera soportó la cruz sin miedo a la ignominia; en la segunda vendrá con gloria escoltado por un ejército de ángeles”. Así se expresa San Cirilo de Jerusalén en una de sus famosas catequesis (Cat. 15,1-3).

Ambas venidas son anunciadas por los profetas como futuras y en varios de sus oráculos se superponen las carácterísticas de una y otra. Así ocurre con la profecía de Isaías que se lee en la primera lectura de este III domingo de Adviento: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa... Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios... Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará” (Is 35,1-4). Estas imágenes corresponden a la venida final de Cristo, sobre la cual profesamos en el Credo: “De nuevo vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin”.

Pero en ese mismo oráculo el profeta ve como futura esta otra imagen: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará” (Is 35,5-6). Estas son las obras que realizaba Jesús y que llegaron a oídos de Juan. Corresponden a la primera venida del Señor, en la humildad de su carne.

¿Por qué superponen los profetas ambas series de imágenes? Porque ellos no anuncian más que una venida de Dios en persona y ésta futura. Y no están tan errados, pues ambas son casi contemporáneas. En efecto, desde la primera venida de Cristo han transcurrido 2004 años y no sabemos cuántos años más transcurrirán hasta su última venida. Pero, aunque transcurran mil años más –nadie puede imaginar qué pasará con la humanidad en tanto tiempo-, ¿qué es esto comparado con la totalidad del tiempo? El tiempo que media entre las dos venidas de Cristo no es más que un instante si se compara con el número casi infinito de años que han transcurrido desde aquel primer día de la creación.

Juan el Bautista pertenece a los profetas anteriores a Cristo, como lo afirma el mismo Jesús: “Todos los profetas... hasta Juan profetizaron” (Mt 11,13). Él piensa en una sola venida y ésta gloriosa y definitiva. Por eso cuando oye hablar de las obras de Jesús, que corresponden a su primera venida en la humildad de su carne, se desconcierta y le manda preguntar: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. La respuesta de Jesús equivale a decir: “Yo soy el que vine y el que ha de venir; esta es mi primera venida. Todavía vendré de nuevo y esa vez será en el esplendor de mi gloria”.

San Bernardo se permite rectificar la visión de San Cirilo diciendo: “Conocemos tres venidas del Señor. La tercera venida es intermedia entre la primera y la última. Aquellas dos son manifiestas; ésta no” (Sermón de Adviento 5,1-3). El más pequeño en el Reino de Dios es mayor que Juan el Bautista, porque puede recibir constantemente esta venida intermedia del Señor y hacer de él su huésped.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)


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